Ka, Kata, Katachi. Mutatis mutandis.
Una deriva googleriana sobre los términos Ka, Kata y Katachi, me llevó por casualidad a la revista electrónica “Bonsái Pasión”, donde en un artículo titulado “El mundo secreto de los bonsáis” encontré una clarísima definición de los términos. Así el autor expresa que la cultura japonesa diferencia tres estadios de la forma: ka, estado espiritual antes de la acción, que se convierte en kata cuando se inicia la acción, y llega a la culminación, en el estado katachi, que es cuando surge el carácter personal y peculiar de la forma.
Este concepto de la forma, ligado al de modelo, nos lleva a reflexionar sobre la repetición como herramienta de creación. En la cultura del bonsái, cuando aprendes sus normas, se denomina Chokan a los árboles de tronco recto, Sookan a los de dos troncos y Sankan a los de tres. También aprendes que las ramas suben como los peldaños de una escalera. Aprendemos las formas (Kata) sin saber muy bien por qué.
Aunque a priori estas normas parecen contrarias a la libertad, son sin embargo la base de un sistema de aprendizaje donde el modelo se entiende como un patrón sobre el que construir una subjetividad racional (la realidad preñada de su contrario). La mera repetición o imitación nos lleva a descubrir el espíritu que hay detrás de las formas y llegar así a construir nuestra propia abstracción simbólica. Una especie de mutatis mutandis, es decir, cambiando lo que haya que cambiar.
La producción arquitectónica, el proyecto, empieza por aplicar los cambios evidentes al modelo para que este cumpla la función específica necesaria. Así podemos pensar de una forma razonable que la crítica se podría objetivar en ese estadio previo a la acción, donde se pone en pié el modelo y en cuya base está el origen verdadero o falso de toda obra.
Volviendo a la cultura japonesa para terminar, el consejo Zen de “no hagas nada, solo siéntate” (quita tus sucias manos del proyecto), nos quiere decir que solo integrándonos completamente en las formas, dejamos de pensar en ellas, y llegamos a ser libres de ataduras formales.
Antonio Cobo vplusada.com